Mario Kaplún (1923-1998)
Biografía
Nacido y formado en Argentina, pero largamente afincado en Uruguay, el maestro y comunicador Mario Kaplún fue uno de los pioneros y máximos exponentes latinoamericanos que denominó genéricamente edu-comunicación para el cambio social.
Mario Kaplún nació en Argentina en 1923. De antepasados judíos rusos, pasó su niñez y juventud en Buenos Aires, y su vida adulta en Uruguay.
Su padre, Lázaro, fue un artesano grabador de metales. Su madre, Paula, intentó ser maestra diversas circunstancias frustraron su vocación, pero la inoculó en Mario, su hijo mayor.
A los diecisiete años, Mario se recibió de maestro. Su condición docente quedó en evidencia desde el inicio de su carrera profesional. El profesorado de Psicología y Filosofía, en cambio, nunca lo terminó, y a la Comunicación se acercó desde la praxis, más concretamente: desde el radioteatro.
Mario Kaplún murió el 10 de noviembre de 1998. Había estado en España poco tiempo antes; sabía que tenía una enfermedad seria y quiso viajar para ver a su hijo mayor. Finalmente Mario viajó con Ana, su compañera y colega de casi sesenta años, y estando allá sufrió el primer golpe; tuvieron que volver. "Fue verlo al hospital y, antes de que entrara en la sala quirúrgica, lo agarré de la mano y le dije: “Mario tengo una buena noticia; el trabajo que hemos hecho no ha sido en vano”. Y él contestó, “sí, yo también tengo esa sensación: no ha sido en vano”
En resumen, considera a la Comunicación no como un instrumento mediático y tecnológico sino como un componente pedagógico. En tanto interdisciplinar y campo de conocimiento, en la Comunicación Educativa así entendida convergen una lectura de la Pedagogía desde la Comunicación y una lectura de la Comunicación desde la Pedagogía. Señala la influencia de los medios y cómo se construyó por los teóricos estadounidenses toda una teoría de la comunicación social a partir de ellos. La forma en cómo funcionaban estos medios vino a constituirse en paradigma de comunicación y para poderlos estudiar se construyó un cuerpo teórico centrado exclusivamente en la transmisión de señales y mensajes. Para estos teóricos norteamericanos en esto consiste la comunicación. Dejaron de lado las relaciones humanas, el contexto social y la cultura en general para basarse en la técnica, la ingeniería, la electrónica y las poderosas empresas, dueñas de los medios y concebir de esta forma a la comunicación.
El paradigma informacional actualmente en auge termina por entronizarse, a la Comunicación Educativa no le va a quedar otra función que la instrumental de proveer de recursos didácticos y tecnológicos a un modelo de educación.
Hasta una época reciente, el carácter social y comunitario de la educación era no sólo reputado como una condición natural, inherente a la misma, sino como un valor. La escuela existía por una razón pragmática (la necesidad de atender simultáneamente a una cantidad de educandos en un mismo espacio físico) pero en no menor medida por una razón pedagógica: como el espacio generador de la socialización y posibilitador de las interacciones grupales, apreciadas como un componente básico e imprescindible de los procesos educativos.
La comunicación de sus aprendizajes por parte del sujeto que aprende, se perfila así como un componente básico del proceso de cognición y no sólo como un producto subsidiario del mismo. La construcción del conocimiento y su comunicación no son, dos etapas sucesivas en la que primero el sujeto se lo apropia y luego lo vierte sino la resultante de una interacción: se alcanza la organización y la clarificación de ese conocimiento al convertirlo en un producto comunicable y efectivamente comunicado. Pero para que el educando se sienta motivado y estimulado a emprender el esfuerzo de intelección que esa tarea supone, necesita destinatarios, interlocutores reales: escribir sabiendo que va a ser leído, preparar sus comunicaciones orales con la expectativa de que será escuchado.
Educarse es involucrarse en un proceso de múltiples flujos comunicativos. Un sistema será tanto o más educativo cuanta más rica sea la trama de interacciones comunicacionales que sepa abrir y poner a disposición de los educandos.
Una Comunicación Educativa concebida desde esta matriz pedagógica, tendría como una de sus funciones capitales la provisión de estrategias, medios y métodos encaminados a promover el desarrollo de la competencia comunicativa de los sujetos educandos; desarrollo que supone la generación de vías horizontales de interlocución e intercomunicación.
La matriz individuada y el paradigma informacional (objeto de nuestros señalamientos críticos) no sientan la realidad en el territorio de la educación a distancia. La enseñanza presencial no se halla hoy permeada en mucho menor medida por ellos. Por otra parte, el modelo de enseñanza a distancia de cuño individuado es hoy ciertamente el hegemónico pero en modo alguno el único posible. Existen modalidades alternativas, de estructura grupal y metodología interaccionista, las que ya han dejado de ser tan sólo propuestas teóricas y están siendo implementadas exitosamente en América Latina así como en otras regiones del mundo.
En lo que incumbe al empleo de medios en la educación, considera que es muy bueno en tanto, se los aplique crítica y creativamente, al servicio de un proyecto pedagógico por encima de la racionalidad tecnológica; como medios de comunicación y no de simple transmisión; como promotores del diálogo y la participación; para generar y potenciar nuevos emisores más que para continuar acrecentando la muchedumbre de pasivos receptores. No tanto, en fin, medios que hablan sino medios para hablar.
No se apuntaba tampoco a negar el aporte de los soportes informáticos ni menos aún a desconocer el papel imprescindible de la información en los procesos de aprendizaje. Una vez más, la cuestión estriba en la estrategia comunicacional que presida su uso. Adviértase que, en su anticipación del “aula virtual”, el texto que hemos tomado como expresivo exponente de la tendencia en auge, al enumerar los múltiples recursos informáticos puestos a disposición del educando, omite mencionar las redes telemáticas, que posibilitarían a cada estudiante, aun desde la reclusión en su aula virtual, comunicarse con los otros y enriquecerse recíprocamente en la construcción común del conocimiento. Y es que, cuando se ve a la educación desde la perspectiva unidireccional que el paradigma informacional conlleva, se tiende casi inconscientemente a no asignar valor a la expresión de los educandos y a sus intercambios.
Desde el inicio de su carrera Kaplún cuestionó el modelo de comunicación unidireccional preferido por los medios masivos de comunicación de la época. Su objetivo era potenciar al destinatario al punto de transformarlo en un nuevo emisor, en un mismo proceso y desde la propia práctica de comunicación.
Algunos de los pilares de su pensamiento están ligados, por un lado, al cristianismo. Kaplún se vinculó desde su llegada a Uruguay al Centro Pedro Fabro. Otro pilar fue la práctica de Paulo Freire, sus ideas sobre la educación liberadora o transformadora fueron la matriz de los programas radiales y televisivos que realizaba Kaplún, así como también la base de las prácticas de comunicación popular.
El maestro francés de educación popular, Célestin Freinet, constituyó también una fuente de inspiración pedagógica. Freinet cuestionó en la década del ’20 el modelo de enseñanza memorística y mecánica, mediante el desarrollo de una pedagogía que tomaba en cuenta la realidad socio-económica y cultural del educando y promovía el aprendizaje como construcción colectiva.
Otro aporte se vincula al trabajo basado en dinámicas de grupo y diálogo, donde los integrantes eran sujetos activos, y no basados en la relación tradicional de un docente que sabe y enseña y un grupo pasivo que aprende.
En las experiencias radiofónicas de Kaplún convivían estas matrices de pensamiento. Siguiendo a Paulo Freire, introdujo la comunicación dialógica participativa, el mismo tema se trataba en tres capítulos; se presentaba una cara de la moneda el lunes, otra cara de la moneda el miércoles, y la solución del autor el viernes; y el domingo se podía repasar y escuchar todos los capítulos con la intervención de la gente. Esta práctica entraba en contradicción con los programas educativos que se venían realizando en América Latina desde hacia años, los cuales adoptaban un tono moralista, vertical, aburrido. Con la producción de El Padre Vicente y Jurado, Kaplún rompe con los esquemas convencionales y aplica el pensamiento educativo de Paulo Freire (la educación liberadora) a los programas de radio.
Paralelamente, la preocupación por volver emisores a los receptores de mensajes lo llevó a diseñar y aplicar en el 1977 el método Casete-Foro, un "programa de investigación-acción” cuyo objetivo principal era hacer del proceso comunicacional un diálogo intergrupal (un proceso real de ida y vuelta), y volver a los receptores más críticos y participativos. El modelo permitía al destinatario no sólo recibir el mensaje sino también responder y dialogar, e implicaba además una dimensión de intercambio intergrupal que favorecía la condición de co-emisores de todos los participantes. La primera experiencia fue realizada con agricultores uruguayos. Estas prácticas con grupos populares permitieron a Kaplún diseñar también el método Lectura Crítica de Medios, que aplicó formalmente más adelante.
Paralelamente, y a pedido de UNESCO, Kaplún siguió profundizando en el cruce de la Comunicación y la Educación. En 1990 llevó a cabo un estudio de casos de veinte programas de varios países latinoamericanos, cuyo resultado fue publicado en “A la educación por la comunicación”: La práctica de la Comunicación Educativa. Allí propone pensar la educación desde la óptica de la comunicación, articulando las teorías del aprendizaje a los procesos y modelos comunicacionales. Propone estrategias de uso de los medios masivos en favor de la educación de adultos, y en especial de grupos marginales.
Como conclusión Kaplún considera que a través de la comunicación se llega al conocimiento y es por eso que afirma que la comunicación es un componente pedagógico que le permite al educando comprender y construir el conocimiento no siendo un receptor Pasivo que solo recibe información y aprende, sino a través del diálogo participativo con el educador que permite intercambiar ideas, opiniones y expresiones.
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